QUE SE PUDRAN MIS LABIOS PENDEJOS


QUE SE PUDRAN MIS LABIOS PENDEJOS

El reflejo en el que no se asoma el alma.
La elegancia de humillar emociones.
El cielo me asusta en días como hoy.
Y el diablo tampoco me asiste.

Vamos a escondernos de nuevo.
Y que se joda mi puto corazón de mierda.
Inútil en el arte de ignorar ciertos guiños.
El agua bendita no refresca mi amor propio.

Lámparas apagadas para ir despacio sin pisar mal.
Lo que nunca sabré aunque pregunte.
Lo que jamás diré aunque me mutilen los sueños.
No importa lo que haga, el mundo sigue siendo mundo sin mí.

Los textos de Kafka en el buró, junto al licor.
Una cama sin colcha y sin rechinidos.
Otra noche muerto, como me recuerdo siempre.
Porque la gloria no existe entre objetos que escriben.

Un sujeto en el asiento trasero del coche.
Manchas en un cuerpo que reconozco cada mañana.
El agua hierve y me la echan, y se ríen.
Que se pudran mis labios pendejos.

Triángulos no afectivos en todos los meses.
Círculos para caerse en el mismo punto.
Cuánto trabajo da ser un imbécil y aceptarlo.
Pero la culpa la tengo yo por creer en la gente.

Soy un perro callejero, sarnoso y sin hueso.
El adversario es invisible y al parecer, invencible.
Me fastidian las moscas en la cumbre del deseo.
No me escapo de la ira de Dios, y ningún infierno pugna por mí.

CARLOS ALBERTO SALGADO DÍAZ

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