SEFERINA LA GRANDE


SEFERINA LA GRANDE

Las hojas de los árboles se caen sin viento.
Se respira la madera de tu encierro.
Lloran como bebés hambrientos.
Ya no comerán vida, beberán muerte.

Pino me buscó los ojos y lo esquivé.
Me siento culpable siendo un vencedor y tú una vencida.
Rezan por tu alma, no sé si lo habrán hecho por tu cuerpo.
Aguas frescas y refrescos para los que aún quedamos.

El cáncer te mató.
Suenan la tambora y las trompetas.
A lo mejor se entra al cielo bailando.
Después de tanto dolor, algo merecemos.

Seferina la grande, la amante de la feria.
El mismo hospital, el mismo médico.
Angustias similares cuando el presente te arde y te quema.
Ya descansa, no vuelvas, duerme bonito.

Aparecen nubes cargadas de tristeza.
Van a llover recuerdos, te van a extrañar.
Te echan la tierra encima, ojalá no te pese.
Se abrazan los hermanos, tus hijos, mis amigos a los que ni una palabra dije.

CARLOS ALBERTO SALGADO DÍAZ.

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