ENTERRADO, A LA VISTA DE NADIE


ENTERRADO, A LA VISTA DE NADIE

Haz un hoyo por el guamúchil.
Ahí están algunos de tus perros.
Por ahí mismo pisaste un pato y lo mataste.
Entierra tu corazón, de todos modos no lo saben querer.

Échale suficiente tierra, no se le vaya a ocurrir salir.
No le reces ni le mandes a hacer misas.
Que dios lo juzgue con los méritos que ya pudiera tener.
Y si no alcanza el cielo, que así sea.

La cruz no nos salvo de sufrir.
De todas formas te enterarás tarde o temprano de que estás solo.
¿Cuál amor? ¿El que te juran y no demuestran?
Y si te mandan más castigos, la vida ha transcurrido así.

No le llores, nunca sirve de nada.
No lo extrañes, nadie se acordará de él.
Latió acelerado, a lo pendejo.
Nomás tus gatos lo lamieron.

Las velas hubieran estado bien para aquella oscuridad.
Los rosarios y los misterios, con más coraje que fe.
Torre de marfil, casa de oro, puerta del cielo, estrella de la mañana ruega por la compañía y las caricias para los solitarios.
No me arrepentí de ser yo, y mira lo que gané.

Otra mañana sin sus ojos enamorados.
Noches exentas de romanticismo.
Sólo dios sabe por qué.
Allá quédate corazón, enterrado, a la vista de nadie.

CARLOS ALBERTO SALGADO DÍAZ.

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